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Y nada ni nadie nos puede parar: el Indio Solari cumple 77 y su obra que sigue avanzando sin permiso

Hay frases que funcionan como consignas, otras como recuerdos, y algunas —muy pocas— como diagnósticos. “Y nada ni nadie nos puede parar”, verso de Rock para los dientes, pertenece a esta última categoría.

No describe solo un momento de Los Redondos ni una actitud juvenil congelada en tiempos pasados sino que define una forma de circulación cultural que, a los 77 años de Carlos Alberto «Indio» Solari, sigue activa. Incluso lejos de ese “lugar más cómodo que he tenido en la vida”, como definió alguna vez al escenario

El día que el Indio Solari hizo pública su enfermedad.

Este 17 de enero, el Indio Solari cumple un nuevo aniversario de su nacimiento en un escenario distinto al que lo convirtió en mito. Desde hace casi una década convive públicamente con el Parkinson, enfermedad que anunció en marzo de 2016 durante un recital en Tandil con una frase que quedo grabada en la memoria colectiva: “Míster Parkinson me está pisando los talones”.

El diagnóstico había llegado alrededor de ese mismo año, aunque los síntomas —dolores, limitaciones físicas— ya estaban presentes antes. Aquella confesión marcó el inicio de un retiro progresivo de los shows en vivo y el cierre definitivo de una era de multitudes.

Sin embargo, el repliegue físico nunca fue silencio cultural.

Desde detrás de bambalinas, el Indio sigue operando y sigue produciendo canciones bajo seudónimos como “El Míster y los Marsupiales Extintos” o “El cantante tímido”, pero también sube su esencia al escenario cada vez que Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado se presentan, apoyado por la virtualidad, Solari dice presente.

Una obra que no se retira

A diferencia de otros artistas cuya vigencia depende de la exposición constante, su obra funciona por inercia simbólica. No necesita reaparecer para ser actualizada, ni pronunciarse sobre el presente para dialogar con él.

Sus canciones —las de Patricio Rey y las de su etapa solista— siguen circulando como textos abiertos: reaparecen en tribunas, en marchas, en redes sociales, en relecturas críticas, en nuevas generaciones que no vivieron los recitales pero heredaron el código.

Hay algo singular en ese fenómeno. Algo 100% argentino. La obra no se fosilizó como objeto de museo ni se diluyó como nostalgia. Conserva una ambigüedad política, una desconfianza hacia el poder, los medios, la épica fácil y la obediencia emocional que hoy, en un contexto de hiperexposición y consignas instantáneas, resulta incluso más incómoda que en los años noventa.

El Indio nunca fue un cronista literal de la coyuntura, pero su lenguaje —lleno de ironía, paranoia, deseo, violencia contenida y lucidez amarga, amores y desamores— parece diseñado para épocas de crisis permanente.

El cuerpo, el límite y la permanencia

Desde 2022, Solari habló con mayor claridad sobre la progresión de su enfermedad y sobre cómo el Parkinson fue delimitando su vida cotidiana. No hubo épica del padecimiento ni romanticismo del dolor. Hubo, en cambio, una aceptación cruda del límite físico. Irse callado, sabiendo que llegó el momento de perder, soltó en el libro Memorias: recuerdos que mienten un poco.

Las últimas fotos del Indio Solari en Luzbola. Foto indiosolarioficial @kvkfotos

Dejó de ser presencia para convertirse definitivamente en canción. Y en ese pasaje, lejos de debilitarse, su figura ganó densidad. Ya no es solo el cantante inaccesible ni el líder de masas; es un autor cuya obra admite análisis, contradicciones y relecturas sin necesidad de custodios.

Un legado que no se deja domesticar

A los 77 años, el Indio ocupa un lugar extraño en la cultura argentina: es central pero no oficial, masivo pero no consensuado, influyente pero incómodo. No hay homenajes estatales ni intentos exitosos de canonización sin fricción. Su obra se resiste a ser ordenada, explicada del todo o traducida a slogans claros.

Tal vez por eso sigue avanzando “sin permiso”. Como toda la vida. Y como así hubiese querido el espíritu independiente de Patricio Rey.

Porque no se adapta al algoritmo, no se presta al rescate edulcorado ni a la corrección retrospectiva. Porque no ofrece respuestas fáciles ni héroes puros. Y porque, incluso en un presente que parece haberlo absorbido todo, sus canciones todavía funcionan como una alarma: algo que suena cuando nadie está del todo cómodo.

El Indio Solari esta alejado de los escenarios desde el 2017.

A 77 años de su nacimiento, con el cuerpo marcado por la enfermedad y lejos del escenario, sigue diciendo lo mismo que dijo siempre, aunque ya no lo diga en voz alta o si: hay obras que no se detienen, incluso cuando su autor decide —o necesita— parar.

A veces, eso alcanza.

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